Glowatch presenta el primer diagnóstico ciudadano sobre contaminación lumínica en Chile
Más de 590 reportes ciudadanos permitieron construir la primera radiografía nacional sobre contaminación lumínica. El informe, desarrollado por la Fundación Cielos de Chile junto al Centro de Investigación Ciluz, CATA y el Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la Universidad de Chile, demuestra que la participación ciudadana puede transformarse en una herramienta concreta para mejorar la planificación urbana, fortalecer la protección ambiental y avanzar hacia una iluminación más responsable.
Durante mucho tiempo, la contaminación lumínica fue entendida como un problema asociado casi exclusivamente a la astronomía. Sin embargo, esa visión ha comenzado a cambiar. Hoy sabemos que una iluminación artificial mal diseñada también afecta la salud de las personas, altera los ecosistemas, incrementa el consumo energético y deteriora la calidad de vida en nuestras ciudades.
En este contexto nace Glowatch, una plataforma de ciencia ciudadana que invita a las personas a observar su entorno y reportar, de manera georreferenciada, aquellas fuentes de iluminación que presentan problemas como encandilamiento, sobreiluminación, luz intrusa, emisión hacia el cielo o uso excesivo de luz blanca fría. Más que una aplicación para denunciar situaciones puntuales, Glowatch busca construir conocimiento colectivo sobre cómo estamos utilizando la luz artificial en Chile.
Un diagnóstico construido desde la experiencia ciudadana
El informe presentado durante 2026 constituye el primer diagnóstico ciudadano sobre contaminación lumínica desarrollado en el país.
A partir de 592 reportes ingresados por personas desde distintos puntos del territorio nacional, el equipo investigador realizó un proceso de depuración metodológica destinado a eliminar duplicidades y consolidar una base de análisis robusta. Como resultado, la muestra quedó conformada por 551 fuentes únicas de contaminación lumínica, distribuidas en 85 ciudades de Chile.
Este aspecto resulta especialmente relevante porque demuestra el rigor metodológico del estudio. No se trata simplemente de contabilizar denuncias ciudadanas, sino de construir una base de información confiable que permita identificar patrones territoriales, comprender cómo se manifiesta el problema y orientar futuras acciones de gestión ambiental y planificación urbana.
Cada reporte representa la observación de una persona que decidió mirar con mayor atención su barrio, su calle o su entorno cotidiano. Al reunir cientos de estas observaciones, Glowatch consigue transformar experiencias individuales en evidencia territorial.

La Serena, Coquimbo, Chile.
Más que exceso de luz: comprender qué es realmente la contaminación lumínica
Uno de los principales aportes del informe consiste en ampliar la comprensión tradicional sobre la contaminación lumínica.
Muchas personas asocian este fenómeno únicamente con la presencia de demasiada iluminación durante la noche. Sin embargo, el problema es mucho más complejo.
Existe contaminación lumínica cuando la luz se dirige hacia donde no corresponde, permanece encendida innecesariamente, invade espacios privados, genera encandilamiento o utiliza componentes espectrales —especialmente luz blanca fría con alto contenido de azul— que afectan la observación astronómica, la biodiversidad y el bienestar de las personas.
En otras palabras, el desafío no consiste en apagar las ciudades, sino en iluminarlas mejor.
El encandilamiento aparece como el principal problema detectado
Uno de los resultados más interesantes del estudio es que el encandilamiento concentra el 27,8 % de todas las fuentes reportadas, convirtiéndose en la forma de contaminación lumínica más frecuente observada por la ciudadanía. Le siguen la emisión de luz dirigida al cielo y desperdiciada (19,5 %), la sobreiluminación (19,1 %), el uso de luz blanca fría (15,6 %) y la luz intrusa (13,8 %).
Este resultado modifica una percepción muy extendida: el principal problema no es simplemente la cantidad de luz instalada, sino la forma en que esa luz se utiliza.
Cuando una luminaria produce encandilamiento, la intensidad luminosa supera la capacidad de adaptación visual de las personas, disminuyendo el contraste y dificultando la percepción del entorno. Paradójicamente, una instalación diseñada para mejorar la seguridad puede terminar reduciendo la capacidad de ver con claridad.
Del mismo modo, la sobreiluminación implica un consumo energético innecesario; la luz dirigida hacia el cielo desperdicia energía y dificulta la observación del firmamento; mientras que la luz intrusa afecta directamente la calidad del descanso al ingresar en viviendas y espacios privados.
Cada uno de estos problemas requiere soluciones diferentes, lo que demuestra que la gestión de la iluminación debe abordarse desde criterios técnicos y no únicamente desde la percepción de que «más luz equivale a mayor seguridad».
La vía pública concentra gran parte de las observaciones
Otro hallazgo relevante del diagnóstico es que la vía pública aparece como el principal lugar donde se originan los reportes ciudadanos, seguida por espacios comerciales y residencias particulares.
Este dato cambia el enfoque tradicional del problema.
La contaminación lumínica deja de entenderse como una situación excepcional o asociada únicamente a observatorios astronómicos, para convertirse en un fenómeno cotidiano presente en calles, plazas, barrios y espacios que utilizamos diariamente.
Cada luminaria mal orientada, cada foco excesivamente potente o cada instalación que proyecta luz hacia el cielo forma parte de una realidad urbana que puede mejorarse mediante planificación, diseño y criterios adecuados de iluminación.

Santiago de Chile.
Una herramienta al servicio de la nueva normativa ambiental
El diagnóstico adquiere una relevancia aún mayor considerando la implementación progresiva del Decreto Supremo N°1/2022 del Ministerio del Medio Ambiente, normativa que amplía la regulación de la contaminación lumínica a todo el territorio nacional.
A diferencia de la legislación anterior, centrada principalmente en la protección de zonas astronómicas del norte de Chile, esta nueva regulación incorpora tres grandes bienes ambientales: la calidad de los cielos nocturnos, la biodiversidad y la salud humana. Además, establece restricciones al uso de luz azul y define exigencias diferenciadas para fuentes nuevas y existentes.
En este escenario, Glowatch entrega información territorial que puede transformarse en un valioso complemento para las políticas públicas. Sus resultados permiten identificar sectores donde existen mayores brechas entre las prácticas actuales de iluminación y los estándares ambientales que el país comienza a consolidar.
La plataforma no reemplaza las labores de fiscalización técnica, pero sí entrega señales tempranas que pueden orientar campañas de educación, programas de recambio tecnológico, priorización de inspecciones y procesos de mejora de infraestructura lumínica.
Ciencia ciudadana para construir ciudades mejor iluminadas
Quizás el mayor aporte de Glowatch no reside únicamente en las cifras obtenidas, sino en su capacidad para transformar la participación ciudadana en conocimiento útil.
Cada observación realizada por una persona deja de ser un hecho aislado para convertirse en información georreferenciada que ayuda a identificar patrones, puntos críticos y oportunidades de mejora.
Este enfoque convierte a la ciudadanía en un actor activo dentro de la construcción de ciudades más sostenibles.
Mientras más personas participen utilizando la plataforma, mayor será la capacidad para comprender cómo evoluciona la contaminación lumínica, qué territorios requieren atención prioritaria y qué soluciones resultan más efectivas según el contexto.
Iluminar mejor es un desafío compartido
Los resultados del primer diagnóstico ciudadano muestran que la contaminación lumínica es un fenómeno presente en gran parte del territorio nacional y que sus efectos trascienden la pérdida del cielo estrellado.
La forma en que iluminamos nuestras ciudades influye en la biodiversidad, la eficiencia energética, la seguridad, la salud y la calidad de vida de millones de personas.
La buena noticia es que la mayoría de estos problemas tiene solución.
Una iluminación correctamente diseñada permite reducir el encandilamiento, evitar el desperdicio energético, proteger los ecosistemas nocturnos y recuperar el equilibrio entre funcionalidad, confort y sostenibilidad.
Glowatch constituye el primer paso de ese camino. Gracias a la participación ciudadana, Chile cuenta hoy con una radiografía inédita sobre la contaminación lumínica y con una herramienta capaz de seguir creciendo en la medida que más personas decidan observar, reportar y contribuir al cuidado de nuestros cielos.
Porque iluminar mejor no significa iluminar más.
Significa comprender que cada decisión sobre la luz también tiene un impacto sobre las personas, la naturaleza y el futuro de nuestras ciudades.
Si quieres leer el reporte completo, ingresa aquí.
