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Peligros del cambio de hora en Chile

Mitos del horario de verano

Chile se encuentra en la mira de los expertos, ante un inminente debate en la legislación que regula el cambio de horario “invierno-verano” en el país. El actual ministro de Energía Claudio Huepe Minoletti, ya ha comunicado a los medios que se evaluará el cambio de horario con un Comité Técnico Interministerial del Horario, integrado por ministerios de Educación, Salud, Exterior, Transporte y Telecomunicaciones, Economía, Agricultura, Segpres y Energía.

Todo este análisis busca definir si en el futuro se volverá a realizar la alternancia como es habitual o si los chilenos se quedarán con sólo un horario regular y único, conforme a los resultados y conclusiones obtenidos por el Comité Técnico. ¿Existe conciencia en la población de lo trascendental que puede llegar a ser este cambio? ¿conocemos las implicancias que tendrá este cambio si se decide por un tipo de horario (por ejemplo verano) para la salud física y psíquica de los habitantes del territorio chileno?

Le hemos consultado a dos especialistas en la materia para que, desde diferentes puntos de vista, nos den su opinión.

El doctor John Ewer, investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencias de la Universidad de Valparaíso (CINV), referente en el área del estudio de los relojes biológicos, nos explica que en Chile se hacen diferencias con el territorio de Magallanes (extremo austral del continente sudamericano), sin embargo estas diferencias horarias no se justifican bajo ninguna razón lógica. Punta Arenas está en la misma latitud que el norte de Alemania y ahí, no se dan indicios excepcionales por estar cerca del círculo polar, a diferencia de Suecia, donde se privilegia que el sol salga temprano (8:30 horas. Aprox. en febrero).

La pregunta que surge de manera natural, es entonces ¿cuándo comienza de manera biológica el día para los seres humanos? ¿es acaso un error establecer artificialmente los horarios de funcionamiento de nuestro organismo? John nos comenta que biológicamente lo que define cuándo comienza el día para cualquier persona, es el momento en que se levanta el Sol; el instante en que los primeros rayos de luz nos alcanzan determina cuándo realmente nuestro cuerpo se sincroniza e inicia un nuevo día. Una forma práctica de corroborar esto, es en esos días que se deja de utilizar el despertador, como lo vivenciamos en vacaciones o en nuestros días libres en que despertamos más temprano o más tarde en armonía con la aparición de la luz, la cual influye directamente en nuestro reloj interno.

Si retomamos la idea de Magallanes, en el extremo sur de Chile, entenderemos que si el Sol, en pleno junio se levanta a las 10:00 horas., lo más probable es que se duerma (sin intervención del despertador) hasta una hora similar a las 10:00 horas., pues nuestro cuerpo habrá alcanzado el máximo de descanso posible en esa instancia, sin embargo, en un día de trabajo donde el despertar es a las 7:00 horas., la diferencia que se produce, podremos considerarla como un déficit de descanso, un déficit de sueño.

 

 Jet lag social: El desfase del sueño.

Los estudios determinan que los niños y adolescentes son mucho más “búhos” (personas que pasan más horas despiertos de noche) que los adultos, lo que los hace ser una población con mayor porcentaje de déficit del sueño (2 horas más aprox.) debido a que socialmente hemos establecido con los cambios horarios, el momento para iniciar nuestro día. Si el déficit para un adulto ya es considerable con unas 3 horas en promedio, un niño y un adolescente podrían experimentar un déficit de hasta 5 horas.

El ser humano duerme de manera natural menos horas en sus primeros años de vida (es común apreciar esto con los infantes que despiertan antes que sus padres), para luego incrementar la cantidad de horas en los demás años y hasta alcanzar un punto máximo de horas por dormir. A los 40 años aprox., este incremento de horas se estabiliza.

Nuestro ciclo circadiano (reloj interno) se ve regulado de acuerdo con la cantidad de luz a la que nos exponemos. En las noches (pantallas de todo tipo) y poca luz natural durante el día mientras ejecutamos nuestras actividades de espacio interior, es lo que nos rige y es bajo esas condiciones que los seres humanos sufren retrasos en su reloj. Una forma de observarlo es cuando habitamos sitios luminosos como el campo o la playa donde nuestras funciones terminan más temprano, no como consecuencia del aire fresco o del paisaje, esto es provocado por la mayor exposición a la luz natural.

Paulina Villalobos, arquitecto Universidad de Chile, máster en Iluminación Arquitectónica Universidad de Wismar, Alemania. Directora y creadora de Noche Zero, está absolutamente en contra del cambio de horario que se hace en Chile y nos presenta un punto de vista práctico y resolutivo en cuanto a las costumbres de los individuos, no sólo de nuestro país, más bien del individuo global.

Paulina es categórica en cuanto a que el cambio de hora no tiene ninguna justificación en términos de energía, porque se ha comprobado que dicho ahorro enérgico que se persigue, no se ve traducido en cifras positivas.

Según la creadora de Noche Zero, en ciertos lugares del mundo, las costumbres van de la mano con la presencia de la luz solar y su incidencia en la estructura del día de cada persona, es así que en sitios como Valencia en España, la costumbre puede ser almorzar cerca de las 15:00 horas, (horario poco convencional a lo socialmente establecido) y no cerca del mediodía como suele ser ya que en ese instante la luz estaría en su punto máximo.

En el caso de Chile, tenemos nuestro medio día cerca de las 14:00 horas, lo que coincide con nuestro horario de almuerzo, mientras en el invierno (nuevo horario) el medio día se presenta a las 13:00 horas.

El jet lag social lo experimentamos todo el año y se hace sentir cuando pasamos del horario de invierno al horario de verano, pues nos esforzamos por levantarnos muy temprano provocando en la población un estado de poca lucidez. Lo realmente sano para Chile, sería tener un horario que unificara nuestros “medio día”, porque el día no es más extenso o breve si se implementa un nuevo horario. El cambio de horario en verano no provoca la extensión del día, sabemos que ésta se generará como consecuencia del movimiento planetario; es un hecho que no depende de los hombres ni de los convencionalismos sociales.

Como somos el país más largo del mundo, el territorio que atraviesa la mayor cantidad de latitudes, no se podría argumentar que el orden a establecer para el cambio de horario sea la salida y la puesta del Sol; Chile tiene diferencias en cada ciudad respecto a este rango (hay diferencias de hasta 5 minutos entre una ciudad y otra), pero el medio día, podría ser la solución a esta discrepancia cronológica.

 

Horario de Verano; Fantasía de un mejor Vivir.

El doctor John Ewer, nos recuerda que los principales propulsores de un horario de verano, cuando se trata de unificar el sistema para todo el país, son los adultos, y nos acerca a los que podrían ser las razones más plausibles para esta preferencia, razones que por lo demás se escapan de la realidad ampliamente observada en diversas regiones del globo.

Una de las justificaciones que se barajan (y que no tiene relación con el bienestar en términos biológicos de la población) se trataría de tecnicismos económicos; se amplia el funcionamiento del comercio, las personas pueden acceder hasta más tarde al consumo y la economía de todo el país florecería a consecuencia del dinamismo en transacciones. Esta razón no es extraña en lo absoluto, en los Estados Unidos el Senado estadounidense, aprueba una ley para permanecer siempre con el horario de verano de cara al próximo año y desde luego, una de las tantas razones (además de querer aprovechar la luz del sol en las tardes y evitar la criminalidad que conlleva la oscuridad) estaría contemplado el beneficio para el sector de retail, el cual ve con buenos ojos la medida que se implementará a contar del 2023.

Lo cierto es que todas estas directrices a nivel de política, son tomadas por adultos y no por la población más afectada: niños y adolescentes; ¿se podría cambiar los resultados de las encuestas si se les consultara?

En Chile, cuando el ministro de energía Máximo Pacheco implementó en 2015 el horario de verano permanente bajo el argumento de “mejorar la calidad de vida”, pero los efectos fueron adversos tanto para niños, como para adolescentes y sus padres. La medida del horario de verano permanente fue retirada tras constatar que “generó una sensación de mucha inseguridad y aumento en el ausentismo escolar entre junio y julio», comentó en su oportunidad la autoridad.

Un estudio llevado a cabo en Seattle (nos cuenta John) buscaba verificar los efectos en la salud de jóvenes tras dormir una hora más. Los horarios de inicio de clases fueron retrasados y más tarde fueron asociados con más horas de sueño y un mejor rendimiento en estudiantes de secundaria.

Para este estudio, tras constatar que la mayoría de los adolescentes tienen privación crónica de sueño, se definió como estrategia el alargar el sueño de los jóvenes retrasando el horario de inicio de la escuela secundaria. Esto permitiría a los estudiantes despertarse más tarde, sin cambiar la hora de acostarse, que está determinada biológicamente por el reloj circadiano. Hasta el momento, no hay datos cuantitativos objetivos que muestren que una sola intervención, como retrasar la hora de inicio de clases, aumente significativamente el sueño diario. El Distrito Escolar de Seattle retrasó la hora de inicio de la escuela secundaria por casi una hora. Los investigadores llevaron a cabo un estudio previo y uno posterior a la investigación y demostraron que se presentó un aumento en la duración mediana diaria del sueño de 34 min, asociado con un aumento del 4,5 % en las calificaciones promedio de los estudiantes y una mejora en la asistencia.

 

Horario Unificado: horario psíquico, físico y socialmente esperado.

Cabe señalar que hay más factores que son dignos de estudiar en cuanto a un horario que sea respetuoso con los ciclos de las personas: factores sociológicos como la brecha social que se provoca entre estudiantes, quienes deben tomar movilización pública para llegar a sus clases y quienes acceden a movilización propia, pues los primeros se ven más expuestos a llegar tarde (como consecuencia del aletargamiento) o ausentarse si se duermen y no toman la movilización a tiempo.

Factores de salud pública, pues está comprobado que los índices que enfermedades como las cardiacas, se agudizan en los periodos de cambios de hora. Los mismo ocurre con la salud mental de quienes duermen menos horas o no descasan de forma correcta, pues es sabido que la irritabilidad se incrementa (violencia escolar) ante este desorden y la concentración disminuye, esto lo podemos apreciar en exámenes escolares o para licencias de conducir.

No cabe duda que definir una hora para Chile, siendo el país más largo del mundo, sería una buena solución para resolver asuntos tan delicados como la salud de sus habitantes, más allá de los beneficios económicos que se puedan alcanzar, y además como una forma de comprender a nivel ciudadano el fenómeno planetario en su totalidad, y no desde la idealización del concepto social que tiene el horario de verano. Sabemos que parte de esta tarea ya se lleva a cabo con el reciente Comité Técnico Interministerial del Horario, de quienes no esperamos un horario de invierno u horario de verano, más bien desearíamos un “horario unificado”.

 

 

 

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